El otro día me preguntaban:  ¿Compensa preparar a opositores? Desconozco si la pregunta buscaba saber si merece la pena el esfuerzo por el beneficio económico, que es un tema complejo de exponer aquí. En cualquier caso, solo me vino otro pensamiento a la cabeza.

Cuando uno ve el cachondeo que se traen con que si sacan o no sacan la convocatoria, la verdad es que se te quitan las ganas de seguir preparándote las clases. “¡Que les den! Esta no es mi guerra”- piensas.

Es comprensible que la última palabra de si tu trabajo ha servido para algo la tiene un tribunal. Así es el sistema de oposiciones, pero de ahí a que tengamos que estar pendientes de si se aprueban los presupuestos generales del estado, tasas de reposición variables, posiciones de políticos y sindicatos que cambian a cada hora y demás zarandajas va un trecho.

En cualquier caso, antes de contestar pensé en algunas personas que han sacado la plaza o han mejorado dramáticamente su situación laboral con nuestra ayuda:

  • Marisa trabajaba en un conocido supermercado. Era maestra y filóloga pero nadie le había dado una oportunidad de trabajar en lo que le apasiona, la educación. Un día vino a clase con un aparatoso vendaje en la mano. Se había cortado mientras preparaba un pedido de carnicería. No tuvo ni un día de baja. Tampoco faltó a su cita semanal para poder cumplir su sueño de trabajar en la escuela pública. Y lo consiguió.
  • Daniel había dejado su Galicia natal por ganarse una oportunidad enseñando en Madrid. A pesar de ser un fantástico maestro, un sistema con 25% de interinos le impedía hacer planes de futuro. Trabajaba a jornada completa y sacaba tiempo para prepararse las oposiciones. Aun recuerdo su dedicación que le llevaba a cuidar hasta los detalles más pequeños en sus presentaciones. Lo último que sé de él es que es Jefe de Estudios en un colegio que atiende a la población más vulnerable. Un verdadero regalo para esos niños y sus familias.
  • Patricia trabajaba como maestra interina en Madrid y hacía viajes todos los fines de semana para estar con su pareja y familia a cientos de kilómetros. Se presentó en su Comunidad, Castilla y León, y consiguió estar más cerca de los suyos. El demencial sistema de puntos que cuenta solo parcialmente la experiencia en otra comunidad evitó que tuviera su plaza ¡Y eso que sacó más de un 9! Al menos podrá hacer planes de futuro y dejará el peligro de conducir por carreteras heladas en invierno.
  • Marta trabajaba de AuPair en Irlanda. Tuvimos que idear un sistema de formación on-line. Una de esas jóvenes con estudios universitarios exiliadas por la crisis. Se presentó en Murcia y aprobó con muy buena nota a la primera. Solo la falta de experiencia y un sistema que premia la experiencia como interino frente a la nota en las pruebas evitó que sacara su plaza a la primera. ¡Y eso que no se presentaba por su especialidad!
  • Rebeca era una alumna brillante. Su familia había hecho un esfuerzo enorme para que pudiera pasar una temporada formándose en EEUU. Con tan solo 23 años ya trabajaba en la escuela pública como maestra interina. Con un empujoncito consiguió su plaza en una comunidad tan exigente como Castilla y León.

Y entonces contesté:

Sí, merece la pena. 

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